ANÉCDOTAS DE LA FUNDACIÓN DE PINAMAR
CUANDO SE ESTABA FUNDANDO PINAMAR, ESA EPOPEYA DE CLAVAR EN EL MÉDANO VIAJERO VEGETALES RENEGADOS Y CASAS QUE EL VIENTO SEPULTABA, HUBO HISTORIAS DIGNAS DE SER CONTADAS ENTRE AQUELLOS SERES EMPECINADOS EN UN IDEAL. ERAN VOLUNTARIOSOS, DE GRAN CARÁCTER, INTELIGENTES Y CON MANEJO DE GRUPOS.
EL TIPO DE PERSONA QUE HACE FALTA PARA UNA EMPRESA COMO ESTA ES UN SER EXTRAÑO QUE A VECES DA LA NATURALEZA: VOLUNTARIOSO AL PUNTO DE CONSIDERAR A LA SUYA COMO ÚNICA VOLUNTAD. DE FUERTE CARÁCTER - A VECES TERRIBLE - PARA LLEVAR ADELANTE ESA VOLUNTAD EN MEDIO DE TANTOS INCONVENIENTES, ESCOLLOS Y TRABAS. EL MANEJO DE GRUPOS DEBÍA SER NATURAL, PERO GENERALMENTE CALZABAN ARMAS PARA REFORZAR ESA AUTORIDAD. DESCONTAMOS LA INTELIGENCIA, IMPRESCINDIBLE PARA LA SUPERVIVENCIA Y PARA PLASMAR EL IDEAL.
LA FUNDACIÓN DE PINAMAR – POR GORKI COCCARI
1940 – MI PADRE Y BUNGE
Llegado el mes de Enero de cada año, mi padre solía tomarse un mes de vacaciones. Habiendo perdido su casilla de madera a manos de la gran sudestada del año anterior, el afecto y la costumbre lo llevaron ese año nuevamente a Ostende, pero esta vez volvía a ser huésped de sus amigos Pallavidini y Bellatorre en su hotel junto al mar.
Estos paisanos alegres y mundanos, eran el cordón umbilical que no deseaba cortar con su querida Italia natal. Hombre maduro, ya cansado de luchas políticas, había perdido aquél fuego que lo llevara a Italia en una aventura que no deseaba ya recordar. Decidido a dejar atrás ese pasado de dolor, había resuelto disfrutar del bienestar que su profesión de sastre le había ganado con la ayuda de sus hijos. Cada año encontraba más amigos en el hotel y sus alrededores, y como era un conversador afable, catador de la buena compañía, se lo pasaba entretenido. Los hermanos Pini, fabricantes de licores, el presidente de la Suprema Corte de la Provincia, la familia Ibarbia…eran nombres que mencionaba, y a veces se volvían caras reales cuando íbamos a visitarlo.
Ese año un nuevo huésped, persona inteligente y de cautivante conversación, compartía la mesa con Nicolás en muchas ocasiones. Era el Arquitecto Jorge Bunge, quien narraba que había adquirido los terrenos al norte de Ostende a la familia Guerrero, fuertes ganaderos y familias tradicionales de la época de Juan Manuel de Rosas. Era ya una fuerte versión en la que todos creían, aquella de que el señor Bunge había recibido de su novia, la señorita Valeria Guerrero, estas tierras a un precio simbólico: $0.10 la hectárea. Por la amistad que oportunamente me ligó a él, puedo saber que Bunge carecía, en ese momento, de capital para adquirirlas a su justo precio, a pesar de ser lo que entonces se denominaba “fondo de campo” y carecer de valor para la explotación agrícola-ganadera. Eran los médanos, arenas voladoras en las que ni los más avezados baquianos se animaban. Este escaso valor real, unido a una joven mujer enamorada, hizo el milagro. Porque Valeria era realmente su novia. Pude apreciarlo con el correr del tiempo y del trato.
El arquitecto planeaba fijar los médanos para luego fundar sobre ellos un balneario que nada tuviese que envidiar a los más hermosos de Europa y Argentina. A lo largo de esas comidas solitarias de largas sobremesas, el Sr. Bunge le confió a mi padre que se encontraba muy solo en la enorme tarea. Esas locas arenas que todo lo tapaban, en las que todo se perdía. Mi padre, dentro de sus conversaciones, le fue contando que yo tenía en Madariaga un corralón de materiales, medios de transporte propios, gremios que trabajaban en la construcción de mis casas…
-Quizá a mi hijo Gorki le interese incorporarse a su empresa – le había dicho.
Una mañana entró en mi ferretería un señor muy serio, que se presentó como el arquitecto Bunge. Hablamos mucho. Me contó su lucha, sus planes, sus sueños, sus dificultades. Me sorprendió saber que el trabajo ya estaba iniciado en el vivero. De manera directa y simple, me pidió mi colaboración.
A la mañana siguiente fui a la playa, - que todavía no tenía nombre - al norte de Ostende y al sur del balneario Las Margaritas. En ese entonces Bunge tenía el sueño de llamarla Playa Verde, ya que así era como la veía en su quimera: Llena de árboles que sostuvieran al bravo médano y cobijaran la vida humana y animal. Y yo comencé también a verlo así y a pensar que para el que ahora ya era mi pueblo, donde yo tenía mi familia, mi casa, mis bienes y mi actividad, sería una bendición tener salida al mar y actividad turística. Ese pequeño pueblo rural que yo esperaba ver despertar para avanzar hacia su progreso, sería favorecido con la obra de Bunge. Y la mía, si me unía al proyecto. Con tensa expectativa, me metí en la utopía.
LOS DUROS COMIENZOS
Bunge había hecho construir una casa de madera donde se alojaba, a doscientos metros de la playa. Seiscientos metros más adentro, una barraca para peones y un vivero que era el corazón donde latía su sueño: allí se hacían almácigos de pinos para luego colocarlos en macetas hasta que, en su mayoría de edad, se los autorizaba a arriesgarse en la aventura de vivir en los médanos. Allá iban los jóvenes pinos, con la única protección de lo que ellos – Bunge y su gente - llamaban “matafuegos” y que para mí eran “matavientos”.
En el médano el viento azotaba la cara y en verano también las piernas. Con él alzaba vuelo su carga de arena, por lo que eran necesarias las antiparras para no enceguecer, y a veces, a pesar del calor, los pantalones largos. Al caer la tarde, en previsión de la falta de luz, era necesario cesar el trabajo y juntar las herramientas, ya que el fino y dorado polvo, sin pausa y con prisa, lo iba sepultando todo.
La primera necesidad era el trazado de un camino para llegar a la casa del arquitecto, al trabajo en las dunas o al vivero. Necesitábamos cubrir la arena con una capa de tierra. Trazar el camino y cuidar esa fina capa de tierra fue por años “La Lucha” sin cuartel. No lo fue menos la supervivencia de los pinos, atacados por el aire salobre del mar, la sequía, los insectos. Hasta que la garra de león y los pastos duros no se afirmaron sobre la arena, de cada diez pinos sobrevivían cinco y aún menos. Sin aceptar la derrota, había que reemplazarlos. No hubo permiso para el desaliento, ni tiempo para el lamento. Había que seguir porque la apuesta era grande y no sólo me refiero a la inversión. Estoy hablando de ideales, de utopías, de objetivos.
Muchas personas trataban de usar ese camino con su endeble capita de tierra, pero NO había permiso, ya que la velocidad de las ruedas hacía volar la tierra reseca. Su compra, extracción, y acarreo eran demasiado onerosos y no había dinero disponible para reposiciones, ya que el proyecto en sí era insaciable. Debió entonces cerrarse el camino recién abierto con una tranquera y establecerse la prohibición de transitarlo. A pesar de esto, a menudo pasaban los vehículos, porque de lo contrario debían ir hasta la estación de Juancho y desde allí a pie o en carro hasta la playa a través de los médanos. De modo que se exponían a ser descubiertos y a la ira de Bunge, quien no permitía que se lo distrajera de su meta. Amaba su obra y la defendía como una perra a sus cachorros. Siempre íbamos armados, porque líos no faltaban y en la plantación trabajaba gente de todo tipo.
Bunge contrató al agrimensor La Frossia para la triangulación y delineamiento de los lotes y el trazado de calles. Se encargó personal y especialmente de la ubicación futura de centro comercial, plaza, cancha de golf, Iglesia, Centro Cívico, comisaría, escuela, hospital, matadero, colonia de vacaciones y corralones. Planeaba una zona industrial y obrera, una zona intermedia y una zona balnearia, esta última con espacio reservado para hoteles y diversiones. Sus instrucciones eran claras en cuanto a que las calles irían siguiendo los desniveles del terreno en el trazado de una “ciudad jardín”. El detallado plano de altimetría el agrimensor La Frossia guiaba toda instalación o trazado.
Yo iba tarde tras tarde y estudiaba los proyectos que hacía el ingeniero Bunge: Una fábrica de mosaicos, un hotel, una hostería…, un centro comercial, un campo de golf…Tomé a mi cargo la construcción del edificio donde instalarían la fábrica de mosaicos, el hotel de dos plantas, chalet para la hostería y casas para empleados. El acuerdo fue que yo proveería los materiales de construcción y los albañiles que tenía en mi empresa hasta que Bunge pudiera reintegrar lo invertido. Hicimos un contrato de obra que especificaba que estaba a mi cargo la financiación del proyecto con el beneficio de precios especiales de materiales y mano de obra, dada la naturaleza fundacional del mismo.
El tiempo transcurría en medio de una actividad agotadora. Nunca hubo pausa para el proyecto. Bunge no se la tomaba y tampoco se la concedía a los que estábamos a su alrededor. Era una inspiración, un impulso contagioso que yo, por mi parte, nunca necesité ni había visto antes, fuera de propio impulso. Fue para mí un alma gemela, un Peñón de Gibraltar. ¡Por fin alguien que me igualaba en fuerza de voluntad, en ganas! Mientras duró, nos complementamos y nos pusimos el hombro.
Bunge había alquilado un viejo ómnibus carrozado Ford 8 para traer contingentes de personas a visitar el balneario que estaba haciendo. Generalmente hacía una parada en mi casa de Madariaga para los potenciales compradores, quienes habían viajado toda la noche y Pinamar aún no tenía ni siquiera un hotel. Les ofrecía baños, desayuno, whisky…fue una cortesía que jamás cargué en cuenta alguna. Fue mi idea, simplemente, porque yo también soñaba.
Me subía al ómnibus con todos, cada uno con sendos planos en los que el agrimensor La Frosia había señalado los lotes que serían ofrecidos a los interesados.
No había caminos aún, por lo que todos los fines de semana el grupo era trasladado hasta la estación Juancho. De allí doblaban a la izquierda, pasando por el camino vecinal de la estancia La Angélica del Sr. Guillermo Porretti, llegando a la Colonia Tío Domingo, donde empezaba un abrir y cerrar de tranqueras, cruzando varios campos vecinos hasta la vía del ferrocarril.
Esta vía fue instalada antes de la guerra del 14 por el Sr. Manuel Guerrero, quien fue el propietario de casi toda la tierra de la que estamos hablando. Era el padre de la Señorita Valeria. Tenía obrajes a sus lados, donde se hachaba leña de tala y coronillo que alimentaba las calderas del Ferrocarril Sud. Por estas vías transitaba el colectivo con las visitas, hasta que finalizaban en Punta de Rieles. Seguía la travesía, ya en los médanos, sobre el precario camino de delgada capa de tierra, para finalizar donde estaba ubicada la propiedad del ingeniero Bunge, cerca del mar.
Mostrábamos con orgullo los logros alcanzados. Nunca hasta ahora he pensado si estas personas veían allí lo mismo que nosotros. ¿Habrá valorado alguien en su enorme dimensión todo el trabajo, el sacrificio, el cansancio o el valor económico que cada pinito de esos - pequeños e insolentes que sobrevivían - había recibido? Entre estas personas hubo compradores – los menos – y otros que sólo vieron una inmensidad de dunas yermas arrasadas por el viento. ¿Habrá alguien pensado siquiera en las dificultades que se debieron vencer para lograr ese camino que se desgranaba y se volaba, esos pequeños chalets o el incipiente trazado urbano? Creo que no. ¡Es que si alguien hubiese siquiera intuido esta vida de sacrificios no hubiera aparecido ningún comprador! Sin embargo, los que debíamos mostrar estábamos orgullosos y ufanos, porque cada uno sabía que dejaba día a día su vida tratando de acarrear materiales, llevar agua, hacer cimientos que una y otra vez se desmoronaban, reemplazando la herramienta perdida en medio de la nada. Ver lo logrado nos ponía más allá del punto de vista de la gente que sólo deseaba un lugar de descanso junto al mar. (*)
(*)N de la A: El folleto de venta emitido por Pinamar S.A. en 1943, tiene un plano de altimetría pegado a su contratapa –seguramente el plano de La Flossia mencionado por Gorki Este folleto dice en su página 29:
Sociedad PINAMAR
Es una sociedad anónima que dispone de capital necesario para realizar los fines enunciados en este folleto y sabe esperar. Si nuestros propósitos le interesan:
PINAMAR S.A. Santa Fe 3132 – UT 71-5129 – Bs. Aires y Gorki Coccari, en General Madariaga, tendrán el mayor gusto en ampliar esta información.
Su visita en compañía de su familia será grata en PINAMAR, donde esperamos podrá comprobar cuanto se afirma en este folleto. La tarjeta adjunta le indicará detalladamente el camino a seguir y servirá de presentación para los encargados de la misma.
NAPOLEÓN
Con respecto a montar caballos, padezco de un trauma, porque cuando era niño en Dolores, se desbocó el petiso con el que jugábamos, y por escasos centímetros no me partió el cráneo al rozar un poste. Sumido en esos temores mientras miraba cómo apretaba Bunge la cincha del suyo, escuché con espanto que me hablaba de un caballo de nombre Napoleón que tenía para ¡mí!:
-Es viejo y reumático, será una cabalgadura dócil, sin arranques juveniles, sobre el que nada tiene que temer.
Esto fue rigurosamente cierto. Tenía que llenar un formulario para hacerle mover una pata. Se paraba ante cada mata de pasto – que por suerte para esta ocasión eran pocas – desviándose del camino por el que íbamos de recorrida para inspeccionar las plantaciones. Yo hasta le daba terrones de azúcar para convencerlo, pero él no sabía que eran para eso. Bunge me preguntaba con su habitual gesto de impaciencia:
-¿Qué le pasa a su caballo?
Yo le echaba todas las culpas a Napoleón, pero la verdadera historia es que el miedo me paralizaba y mis intentos de hacerlo caminar eran sumamente flojos. Cada vez que salíamos de recorrida era una verdadera tragedia, esperando que se desbocara el pobre jamelgo (que lo único que quería era su jubilación.) El ladino se daba cuenta y cada vez hacía más lo que se le daba la gana. Nunca fui de a caballo…no señor.
-Preferiría volar – pensaba. -¡Cómo llegaría donde quisiera sin tener que subirme a nada que anduviese a pasto y agua! Era una buena idea que iba creciéndome adentro.
MI PROYECTO DENTRO DEL PROYECTO
Aparte de toda esta actividad, llegó el momento de poner en marcha mis propios proyectos dentro de “El Proyecto”. En cuanto fueron ofrecidos a la venta, compré los dos primeros lotes, en los que ya había construido las que fueron las primeras casas de veraneo, por supuesto sin contar las que Bunge y su personal habitaban, terminadas con anterioridad por mi empresa. Los boletos emitidos por la empresa loteadora Bravo, Barros y Cía., llevan los números 1 y 2 (*). Fueron las dos primeras escrituras que se firmaron en Pinamar. En la primera habitó mi padre, que tanto amaba el mar. Fue la casa de veraneo de la familia: aquella pequeña, con escapes traseros por si se venía el médano, donde los veranos fueron felices. Toda mi familia es muy marina: mi hermana se pasaba largas temporadas acompañando a mi padre, sin echar de menos ni a la familia ni a su piano. Con su pintura y sus paseos por la playa le alcanzaba. Mi hermano mayor pescaba con caña y habitaba la casa los fines de semana con su familia. En verano ellos solían quedarse con papá, sus nenas y mis hijos. La otra casa, frente a ésta, se encaramaba al médano, cercana a la medianera en su parte de servicio, dejando un amplio parque del lado este. Cuando estuvo terminada, se la vendí al Sr. Guillermo Porretti, un amigo, un cliente, un vecino que tenía su campo cerca de Pinamar. También él sentía placer por el mar. Era una persona alegre a quien le gustaba la pesca, por lo que hizo grupo enseguida con mi padre y mi hermano Darwin. Yo nunca pesqué. Este deporte requiere de una filosofía especial que nunca tuve.
Como todas las construcciones del barrio de la calle Tuyú, hasta ese momento, las había hecho yo, le decían “el barrio Coccari”. Hicimos otro contrato con el Sr. Bunge: Yo le debía construir un hotel de dos plantas, de cierta importancia, no sólo para alojar a los visitantes del tour, sino para los turistas que comenzarían a llegar para disfrutar de las playas en verano. Un estudio encargado por el ingeniero en aquél entonces, decía que el lugar era un privilegio natural por las corrientes cálidas de su mar, las que, provenientes de Brasil, no habían alcanzado a enfriarse aún como sucede más al sur.
Además del hotel, tomé la construcción de la torre de agua, en el lugar más alto señalado en el plano de altimetría (hoy calle del caracol, que arranca junto al hotel, sube, regresa y termina en el mar, a sólo unos metros más al sur). Pinamar nació con agua corriente, ya que esa torre abastecería la provisión de agua potable de todo lo construido, más lo proyectado. Una casa más para la Hostería, galpones en Punta Rieles y otras obras formaban parte del proyecto que estaba a mi cargo realizar.
LLEGA EL ARQUITECTO DEL PINO
Un día, con el correr del tiempo y el avance del proyecto, se hizo notoria la falta de un profesional que dirigiera las muchas obras que estaban comenzadas. Era demasiado lo que Bunge tenía entre manos y yo sentía que, con ese mediodía que le estaba dedicando a Pinamar, no sólo estaba descuidando mi negocio en Madariaga, sino que, además, no podía con todo. Ya lo habíamos tratado con Bunge en varias ocasiones.
Días después, a media mañana, se presentó en mi ferretería un señor que, con gesto adusto en su cara de hombre honrado, dijo:
-Soy el arquitecto Saúl Del Pino. El arquitecto Bunge me ha designado para hacerme cargo de la dirección técnica de las construcciones a su cargo.
Aliviado por la llegada de refuerzos, pensé -un profesional por fin en quien confiar, relevándome de tanta responsabilidad y permitiéndome estar lejos de mis obreros por más tiempo - De modo que, sin reservas, le tendí la mano. Al hacérsele para atrás el saco, vi que Del Pino llevaba una poderosa pistola calzada de su cintura. Se la arrebaté de un rápido tirón, ya que el hábito de estar entre tantos tipos distintos de personas y arreglármelas solo, me habían dado unos reflejos que ya hoy no tengo ni necesito. Coloqué el arma sobre los tarros de pintura en el estante detrás de mí y, haciendo como que eso no pasó, le dije:
-Bien, mucho gusto, arquitecto. De ahora en más vamos a hablar Ud. y yo como si fuésemos personas bien nacidas. Su ayuda es bienvenida y estoy a sus órdenes.
-Mire, señor Coccari, el ingeniero Bunge me advirtió que era Ud. persona de fuerte carácter y que debía venir con cuidado. – me dijo el buen hombre, asustado.
-En efecto, lo soy, pero no hasta ese extremo. – le respondí.
Fue una gran charla la que tuvimos con esa bellísima persona que fue el arquitecto Del Pino. Nos hicimos grandes amigos. A lo largo del tiempo lo fui conociendo y valorando como el gran profesional que era, de singular gracia y facilidad para convencer, dirigir y reunir voluntades sin que se note. Fue un hombre honrado y de limpios procederes, y fue grata nuestra amistad hasta el día de su muerte, que desgraciadamente lo sorprendió muy joven. Perdí a un amigo, uno de los pocos que tuve: sincero, directo, pero gentil. No es fácil reunir estas condiciones en una sola personalidad. ¿Cómo se hace para decir la verdad, cara a cara, y no ser ofensivo o cruel? Él lo sabía.
JORGE BUNGE, UN CARRERO CULTO
Las obras del hotel seguían su curso sin interrupción. Se trabajaba las 24 horas con diferentes turnos de obreros y la consigna era que el material no debía faltar. Como esta era mi gran responsabilidad, jamás dejaba de recorrer, anotar, controlar. Los materiales siempre eran acopiados en abundancia para que no hubiese atrasos por esta razón.
Ya había estallado la Segunda Guerra. Don Jorge era refractario a dejar documentada su palabra. No dejamos por escrito que la provisión y costo de hierro PN de distintas medidas para hacer el primer piso estaría a su cargo; tampoco se especificó por escrito lo acordado acerca de los mosaicos: el ingeniero los traería de Buenos Aires, donde tenía conexiones con empresas de demoliciones. Se sumó a ello el aumento del hierro provocado por el estallido de la guerra, ya que pasó a ser insumo prioritario para la fabricación de armamento. El costo total que yo había calculado inicialmente por la construcción del hotel Pinamar (hoy Playas) subió mucho, ya que debí proveer hierro y mosaicos. Estos valores, al terminar la obra, me fueron cuestionados. Finalmente debí aceptar perder luego de algunas discusiones, ya que no había nada escrito y la obra estaba terminada.
Hasta esos difíciles momentos, Bunge, dueño de un carácter áspero y autoritario, había sido cortés y respetuoso conmigo. Fuera de esto, yo consideraba que en ese ambiente y tipo de trabajo, se exigía fortaleza y presencia de patrón.
Pero ahora Bunge me había gritado, me amonestó como a un chico, ardiendo de furia. Fue entonces cuando me afiancé en el conocimiento de esa faceta que el fundador aún no me había mostrado: cuando se sentía superado era un hombre arbitrario, irrespetuoso, soberbio y mal hablado. En síntesis: un carrero culto.
EL CURUPAY
Hubo, sin embargo, hechos pintorescos y graciosos en el transcurso de estas construcciones, que quise tomarme con calma. La relación entre dos caracteres como el de Bunge y el mío no era fácil y se sucedían los chispazos.
Cierto día, a las dos de la tarde, llegué como de costumbre. El arquitecto Del Pino dirigía la colocación de los tirantes del techo en una dependencia destinada a almacenar frutas y verduras frescas en el Hotel Pinamar.
Al ver la superficie que se debía techar, noté que los tirantes de curupay de 3x3 no iban a aguantar el peso de las losas de 1x1 que debían soportar. Esto es porque el curupay trabaja como el girasol. Al moverse con el sol el techo se desplomaría. Mi buen amigo Saúl no se atrevió a hacerle esta observación al ingeniero Bunge, ya que cada atraso o aumento en los costos lo sacaba de sus cabales. No opiné delante de Bunge, ya que yo tampoco tuve ganas de una discusión con gritos e insultos.
Al día siguiente, al llegar el arquitecto Del Pino estaba haciendo levantar en el medio del depósito una pared divisoria. Me di cuenta que era para sostener el techo. Del Pino había convencido a Bunge de la conveniencia de dividir el ambiente para hacerlo más funcional, en caso de que se decidiese darle otro destino futuro. Pero la verdad fue que esa madrugada, preocupado, se había levantado a ver el techo y notó que estaba cediendo, porque el material no tenía la resistencia necesaria. Sospecho que la aceptación inmediata de Bunge a esta sugerencia, se debió a que era un profesional experimentado y ya había notado su error. Yo había provisto en curupay, pero no era ése su destino. La habilidad de Del Pino fue mostrarle una salida elegante. Así era mi buen amigo Saúl: un diplomático y un estratega.
Su esposa, la señora Irene, era una fina pintora. Recuerdo con emoción las reuniones en su hogar o en el mío, con mi esposa y otros amigos.
LA GOMA
Yo ya me había cansado de disimular el mal genio del ingeniero y decidí de pronto que iba a demostrarle el valor que tenían (para mí) las palabras pronunciadas a veces de más o injustamente.
Ese día estábamos trabajando en proyectos de edificación, cuando a don Jorge le hizo falta una goma. Pasó la mano hacia atrás, para tomarla del mueble, pero no la encontró.
-¡¿Dónde está la goma!? – me preguntó, ya con esa expresión airada que tenía cuando se avecinaba un estallido. Me propuse que me iba a tragar mi genio y me iba a divertir.
-Lo ignoro. Seguramente la debe tener Del Pino – dije con naturalidad. ¡Pero estábamos en Pinamar, en 1942, donde todo objeto tenía el valor de lo irreemplazable!
-¿Cuándo va UD. a Madariaga? – disparó.
Pensé que me iba a encargar una goma, ya que Pinamar en ese momento no ofrecía ninguna solución a ese tipo de urgencias y sabía él que yo viajaba todos los días. Por supuesto, tampoco teníamos teléfono. Pero no; esto fue lo que dijo:
-Llámelo a Del Pino, dígale que vaya a Peuser y compre una goma. Que se tome un taxi y reponga la goma. (consigno el valor de la goma: $0.50)
Pensé: “Es un arranque de genio de los que tantas veces nos dejamos pasar mutuamente” Así y todo, esta vez fui a Madariaga, llamé a Del Pino, reproduje las palabras de Bunge, además de describir su estado de ánimo. Esto de paso, para avivar el fuego, dispuesto no ahorrarle a nadie penas ni glorias.
Al otro día llegó el bueno de Saúl a Pinamar en taxi y le entregó la goma. Bunge me encaró, colérico:
-¡Mafioso! – me gritó
Yo, que esperaba la reacción, le contesté tratando de mantenerme serio:
-Ingeniero, cumplí su orden al pie de la letra…
De reojo vi a Saúl que saboreaba silenciosamente mi jugarreta. Total, él estaba al margen…
1.-EL CAMINO GENERAL MADARIAGA-PINAMAR POR GORKI COCCARI
El constante trabajo por la fundación del balneario Pinamar trajo exigencias, contratiempos y escollos que debían ser vencidos a diario debido a la falta de camino. Sólo podíamos llegar atravesando campos privados, abriendo tranqueras de campos ajenos, sorteando lagunas, las que en épocas de lluvias estaban tan crecidas que nos hacían desviar kilómetros. En ese momento fue muy importante el auxilio de los jeeps Willys que yo estaba importando y los “jipones” Land Rovers de resabio de guerra. Unidos éstos al ferrocarril que llegaba a punta de rieles y la tracción a sangre, fueron los puntales sobre los que se apoyó la fundación.
Se hizo por lo tanto prioritario y urgente gestionar ante el gobierno el trazado de la ruta. Jorge Bunge me pidió levantar firmas entre los pobladores de Madariaga para adjuntarlas a un petitorio que se entregaría al gobernador de la Provincia de Buenos Aires, mayor Aloe. Esa entrevista, según me dijo el ingeniero, estaba autorizada y su carácter era reservado.
Mi hermana Olga, quien viajaba mucho a Pinamar y sufría el camino como todos nosotros, no dejó habitante de Madariaga sin firmar el petitorio, con lo que obtuvo una importante adhesión. Con ese fin me presenté en la gobernación peronista de Carlos Aloe, en cuya entrada había muchos guardias armados.
-¿Dónde está el despacho del gobernador? – les pregunté.
-¿Cuál es el motivo de su visita, señor? – Me preguntó un ceñudo oficial.
-A ustedes no les interesa, es un asunto privado entre el gobernador y yo- dije, comenzando temerariamente mal.
-¿Quién es usted, señor? – ya habían cerrado filas en mi derredor al más puro estilo fascista, lo que me llenó de recuerdos y presagios. A pesar de todo, les seguí tomando el pelo porque no me gusta que se me amenace en lugar de cuidárseme. ¿Quién les enseña modales a estos milicos? ¿Hitler?
-Soy Juan Pueblo, quien paga impuestos para ayudar a mantenerlos a ustedes.
Ahí me dio el primer culatazo en el trasero el oficial, y, mientras iba yo saliendo ya persuadido a la calle, me iban golpeando por turno. Ninguno erró el blanco.
Iba yo insultando a medida que me echaban y, ya en la vereda de enfrente les grité ¡Bastardos! No sé si sabían lo que quise decir. El gobernador, por lo que yo sabía, no era famoso por su cultura.
Enfurecido por el dolor de los golpes en mi trasero, y no teniendo más que dos manos para masajearlo, me dirigí a Vialidad Nacional. Tenía que lograr mi objetivo y –hablando de manos - no las llevaría vacías de vuelta. Pregunté por el Director, me contestaron para qué lo quería, dije otra vez asuntos privados, me dijeron que no estaba…en fin, todo de nuevo.
Me senté a estudiar la situación: Venían personas que preguntaban por el Director y pasaban la mesa de entradas sin problemas. El tipo estaba. Así pasaron minutos mientras yo juntaba bronca. Se sabía que este Director tenía una amante muy especial, con la que hacían buena pareja, ya que él era una persona de buena figura. Ya habíamos tenido noticias de esa señora en mis pagos, referente a este asunto del camino. Entonces me jugué una carta que, si me salía mal, seguramente me hubiese valido la desaparición del mundo de los vivos. Me acerqué a la mesa de entradas y le dije al empleado, en un tono de voz quizá demasiado elevado:
-Dígale al Director (mencioné su apellido) que la amante que tenemos a medias quiere un tapado que vale 50.000 pesos .Yo ya pagué la mitad. Vengo a cobrarme el resto. – Desorbitado, trastrabillante, el empleado entró al despacho del Director.
Sin saber cómo, me encontré de golpe hablando con el Jefe de Ingenieros, Ing. Bonaserre, a quien fui derivado por el Director. Este señor era una persona muy querida en nuestra zona, ya que era fanático de las verduras y frutas que se producían en las quintas de Tío Domingo. Me identifiqué, le expuse el motivo de mi visita, fui escuchado atentamente y se me recibió la documentación que llevaba.
Me mostró un mapa de madera en el que estaban marcados los caminos internos hacia los balnearios, uno por uno. Las comunicaciones por ferrocarril, los empalmes, las servidumbres a través de los campos, todo estaba dibujado allí. Me confió que había un plan de trazado de caminos hacia el mar por estrategia militar, ante la hipótesis de conflicto bélico. De producirse, las fuerzas armadas carecerían de salida al mar.
Luego la conversación derivó hacia la producción hortícola de Tío Domingo, lugar que deseaba visitar otra vez. Fue tan cordial que entré en confianza y en un momento me encontré exclamando:
-¡Qué nido de ratas tienen en este ministerio! – y le conté el episodio en mesa de entradas y de paso, el de gobernación. Educar al soberano, señores.
Nuestra conversación fue larga y amable, tanto, que entró varias veces su secretario diciéndole que había grupos de personas que deseaban hablarle y mandaba a decir que por favor lo esperasen. Al final frente al mapa, sentados sobre su escritorio, nos encontramos hablando animadamente de Madariaga y sus infinitas posibilidades. Su entusiasmo era mayor aún que el mío. De pronto, como si se le acabara de ocurrir, me asestó:
-Llévele la noticia al ingeniero Bunge que el camino está aprobado y que inmediatamente daré orden para su trazado y ejecución.
Regresé ese mismo día. Fui directamente a la casa de Bunge a darle la buena nueva. Se me había pasado el enojo por la golpiza y por la amansadora, los había olvidado. Al entrar a la casa, escucho el grito de guerra:
-¡Mafioso!
Asombrado, le pregunté por qué esta vez. ¿Qué habría pasado? Yo no fui…
-¡Por armar tanto escándalo en la casa de gobierno! El gobernador me telefoneó y me lo contó todo.
-¡¿Le contó que apalearon a un ciudadano por querer peticionar a sus autoridades?!!
No olvidaré cómo se puso. De tanta rabia sus ojos parecían rojos. Me eché a reír.
-Don Jorge, usted me encargó que presentara el petitorio para conseguir el camino pero no me dio instrucciones de cómo debía encararlo. Seguí mi propia metodología y, sabe, ingeniero ¡Conseguí lo que usted quería! Punto.
Disimuladamente me retiré de su oficina con el corazón repleto de alegría. A los tigres se los amansa con sus propias armas; y estas armas sólo las tiene otro tigre. Por eso fui el único al que Bunge aguantaba. Nadie, fuera de nuestro íntimo y diario alternar, sabía esto. Al día siguiente, cuando le conté toda la conversación con Bonaserre, estaba muy satisfecho y nos reímos juntos de todo. Fueron buenos tiempos, pese a todo.
2.-UNA CURIOSA CONGRUENCIA ENTRE DOS RELATOS (el referido arriba por Gorki y el narrado por Valeria Guerrero en su libro)
Entre esta narración de Gorki en la que menciona a “La amante que tenemos en común” en la antesala del gobernador, y un capítulo del libro “Surge Pinamar” de Valeria Guerrero, titulado “La intervención de la señora X”, existe una sugestiva coincidencia. Sólo he elegido una síntesis de párrafos para relatarla.
Cuenta Valeria que, cuando ella aún era parte del proyecto, deseaba que se construyera el camino Madariaga-Pinamar, ya que el tren que llegaba hasta Punta de Rieles no llevaba pasajeros. Todos sus amigos lo sabían. También sabían que Bunge no había podido vencer la influencia de Martínez Guerrero, su primo diputado, cuyo proyecto era llevarlo hacia otro balneario (supongo que Villa Gesell). Un día, en una función del Colón, su amiga Elizabeth Bruniere le presentó a una mujer joven, bonita y elegante, pero sin escrúpulos; una aventurera. Separada de su marido, se valía de sus encantos para conquistar hombres influyentes. Comiendo en casa de Elizabeth hablaron del tema. Lo único que ella sabía de la señora X, era que conocía mucho al Ministro de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires, hijo de un antiguo político radical. Gobernaban los radicales de Justo con los conservadores.
_”Un día me invitó a comer en su casa con el ministro. Por supuesto, fui. Con mucho énfasis le hablé de Pinamar, de lo lindo que sería aquello, expliqué mi idea del camino, etc.
El Ministro me escuchó con atención. Pienso ahora que no le importaría tanto como a mí, pero el hecho es que prometió que el recorrido iría por allí y lo cumplió.”
Pero el relato de Valeria referente a la señora X no ha terminado. Un día, en una recepción en casa de Bunge, éste, cuando nadie podía escucharlos, le preguntó si podía prestarle $20.000 – lo que entonces era una suma exorbitante, dice – porque esta señora le había pedido alrededor de $55000 para pagar a los empleados que habían intervenido en el proyecto de cambiar el trazado del camino.
“Jorge pensaba que era mentira y que ese dinero sería para ella. Él le había dado ya veinte mil, pero no disponía de más. Si yo lo ayudaba la ley para la construcción del camino sería aprobada en Vialidad Provincial. Vulgarmente se trataba de una coima”
“Horrorizada, me negué. – Hoy lo hubiese tomado de otra forma – Naturalmente, Jorge se fastidió, aunque no demasiado porque me conocía. Pienso que habrá conseguido ese dinero por otro lado, pero la famosa señora me llamó y se vino a mi casa dos o tres veces. Faltaba dinero aún. Todavía me la veo, mostrándome acciones que debería vender, según ella, para pagar a los pobrecitos empleados.”
Valeria cuenta que no le dio dinero, que no le creía, pero le dijo a Jorge que, al quedar constituida la sociedad, deberían darle unas acciones, ya que el proyecto estaba en el orden del día y debía ser votado. Jorge se negó y dijo que X era una sinvergüenza. Entonces Valeria le pagó los $15000 que faltaban, ya que ella pensaba lo mismo que Jorge, pero además consideraba que los compromisos se deben cumplir.
“En el verano de 1944 el camino de tierra estuvo terminado y muy bien afirmado. La empresa que lo construyó era la de Lucio Cherni, un señor jorobadito muy simpático que había yo conocido en 1927.”
N.de la A.:
Ambas historias - con sus diferencias de matices - tienen a un personaje en común: la señora X. Pienso que el “tapado de piel” del mensaje cifrado, pudo haber sido una alusión velada a la coima que menciona la señora Guerrero. Está, por otra parte, la inclinación de X a relacionarse con personajes encumbrados y la casi equivalencia de la suma en cuestión.
También calculo que si la obra tardó seis años – 1938/1944 - en llegar al tramo Madariaga/Pinamar, estos plazos son lógicos para un plan que involucraba a toda la provincia. Es lógico también entonces que los trámites para apurarla hayan sido realizados – como cuentan Valeria y Gorki - por quienes estaban involucrados en el proyecto Pinamar. Temporalmente coincidirían las observaciones mencionadas por nuestros tres cronistas. Pero falta la opinión de algunos testigos:
3.-EL CAMINO A PINAMAR SEGÚN CARLOS RODRÍGUEZ, alto empleado de Vialidad en General Madariaga, quien me escribe así:
En la década del 30, el entonces gobernador Dr. Manuel Fresco elaboró un plan de obras para trazarle a la provincia sus caminos definitivos – hasta entonces eran pura curva – y las “Obras Básicas y de Arte (terraplenes, puentes, alcantarillas). Su pavimentación sería más adelante. Felizmente nació la idea de incluir a la costa en el final del tramo de la ruta 74 desde Juárez. Se le puso tierra “hasta donde llegaban las olas del mar”. En esa época Pinamar no existía. El nombre nació mucho después. En el plano el último nombre que figura es el tramo Gral.Madariaga/Costa Atlántica. Alrededor de 1938 llegó a Madariaga una comisión para el estudio del trazado, nivelación y planimetría. Su jefe era el ingeniero Rodríguez Ponte, a cuyas órdenes trabajaban un grupo de muchachos jóvenes. Algunos nombres recuerdo: Angel Montenegro, Carlos Córdoba, Juan Grillo, Decau, Martínez. Cuatro de ellos se casaron en Madariaga. No he tenido conocimiento de que algún político o intendente pidiera el trazado del camino hasta esa fecha. En 1938 de Pinamar aún no se hablaba.
El tema que a todos ocupaba era la Guerra y decían que ese camino era para prevenir un desembarco. Firmaban este Plan el Gobernador Fresco, el Ministro de Obras Públicas Ortiz Basualdo y el Director de Vialidad de la Provincia Ingeniero Ortales. Se invirtieron 380 millones de dólares.
En 1957 leí en el diario local de Olavaria – Tribuna – una pequeña anécdota: “Amigos lectores: Si ustedes ven un señor con un portafolio caminando por la ciudad, visitando los negocios para ofrecer seguros, sepan que esa persona es el ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Dr. Manuel Fresco. El mismo que planificó y llevó a cabo con éxito un Plan de Caminos para toda la provincia por un valor de 380 millones de dólares.”
4.-EL CAMINO MADARIAGA-PINAMAR POR HERMAN PARINI
En el libro en el que Herman Parini cuenta sus andanzas de pionero a Luis Aller Atucha, relaciona la Segunda Guerra con el camino, como lo hace el Sr. Rodríguez.
En junio de 1945 apareció una noticia en La Nación: “Submarinos alemanes en Mar de Ajó” y este lugar se llenó de periodistas. Habían sido avistados tres submarinos por madrugadores que le avisaron al sargento a cargo. Cuando dio parte al comisario, éste no le creyó y lo puso preso para que se le pasara la borrachera. Parini se fue por la playa a ver. Llovió mucho, los caminos se pusieron intransitables y en Mar de Ajó se terminaron las provisiones. A alguien se le ocurrió la idea de hacer un puente aéreo entre Mar de Ajó y Madariaga, donde había 5 aviones Piper. Dos de los pilotos propietarios llevaron provisiones para los periodistas, que eran casi ochenta. Al otro día las notas en los diarios decían: “Submarinos alemanes en Mar de Ajó: una muestra de la desprotección de las costas argentinas” “La Argentina puede ser invadida” “Hace falta construir caminos para la defensa de la costa”. La población se alarmó mucho y las autoridades comenzaron a solicitar el trazado del camino. Entonces, con mucha sorpresa, encontraron un expediente en Vialidad de la Provincia de Buenos Aires que estaba desde 1939 con una carátula que decía: “Proyecto de camino de defensa de la costa Madariaga-Ostende.”
N.de la A: Con el testimonio de estos cuatro pioneros, la historia queda “cerrada y redondita” Faltaría sólo ayudar con fechas exactas, las que nos las proporcionarán los periódicos de la época.
…Y AQUÍ ESTÁN LAS NOTICIAS!
Recordemos que estos hechos se producen en medio de la Segunda Guerra Mundial
SEMANARIO TRIBUNA – 6 de noviembre de 1943 – (resumen)
El nuevo Balneario Pinamar, ese hermoso paraje de nuestro litoral atlántico abierto al turismo por la visión de progreso de un grupo de hombres emprendedores, está siendo dotado de las mayores comodidades. Para esta temporada se está construyendo el edificio para aguas corrientes, otro para usina eléctrica, se trazan caminos, plazas, y una cancha de golf diseñada por el campeón inglés Sr. Kund. En lo que hace al aporte de la iniciativa particular, destacamos la participación del conocido comerciante Sr. Gorki Coccari, quien ha construido ya seis chalet con un valor total de 160.00 pesos. Otras construcciones se están terminando si se logran vencer las dificultades del transporte de materiales.
SEMANARIO TRIBUNA – 27 de noviembre de 1943 – (resumen)
NO SERÁ PAVIMENTADO ESTE AÑO EL CAMINO A PINAMAR – A pesar de que se consideraba inminente el comienzo de las obras de pavimentación, sólo se harán alcantarillas, obras de arte, terraplenes, etc. Y se consolidarán con mezclas asfálticas algunos accesos de arena viva.
SEMANARIO TRIBUNA – 8 de enero de 1944
SE INICIA EL REPLANTEO DE LA RUTA A PINAMAR – El lunes próximo, personal del Departamento de Vialidad, a las órdenes del ingeniero Raúl Di Marco, Dará comienzo a estos trabajos a través de aproximadamente. 35 Km. pasando por las estancias La Providencia, La Angélica, obrador de Muglias y otros. Se incluye la demarcación del futuro camino. Es probable que este mismo mes se inicie el movimiento de tierras. Este año será consagratorio para Pinamar.
En la misma página, el semanario da cuenta de la disolución de los partidos políticos por parte del gobierno de facto.
CORRESPONSAL VIAJERO TRIBUNA BANCARIA – 12 de febrero de 1944 – (resumen)
En todas las poblaciones del país existen hombres llevados por su espíritu emprendedor que impulsan empresas de magnitud. El Sr. Gorki Coccari, que actúa en la zona de Madariaga desde 1925, es uno de ellos, de ahí si éxito extraordinario. Propietario de una importante casa de comercio y de una empresa constructora, ha edificado 22 viviendas familiares modernas en pleno centro y la Estación de Servicio Esso, recientemente inaugurada. Vinculado desde antiguo a toda la zona balnearia desde Mar de Ajó hasta Villa Gesell, goza de un legítimo prestigio que le valió su designación como Juez Paz de de Madariaga. En los últimos años, Coccari dedicó todo su entusiasmo en fomentar el progreso del hermoso balneario llamado Pinamar, donde se han plantado más de un millón de pinos criados en viveros propios. Pinamar cuenta ya con luz eléctrica, agua corriente, cancha de golf y seis chalet residenciales, donde veranean numerosas familias. Se está terminando un gran hotel y se ha conseguido que en breve se pavimente el camino que lo une con la cabeza de partido y con la ruta N°2. El señor Coccari es uno de los impulsores de este balneario, prueba de ellos son los seis chalet que ha construido con una inversión de $80.000. Tiene destinados para seguir invirtiendo la suma de $300.000 distribuidos en hoteles, chalet, viviendas y todo lo que sea necesario para la urbanización.
SEMANARIO TRIBUNA – 25 de marzo de 1944
El jueves último, varios aviones, pertenecientes según se nos informa, a la aviación de la armada, aterrizaron en nuestro pueblo, donde al parecer se tiene pensado establecer una base para la vigilancia de nuestro litoral atlántico.
El campo que se ha venido utilizando hasta el presente, es la antigua pista de aterrizaje de la estancia “La Providencia”, de Don Guillermo Martínez Guerrero.
SEMANARIO TRIBUNA – 6 de mayo de 1944 – (síntesis y comentario)
El diputado radical Guillermo Martínez Guerrero escribió una nota al director del periódico, en la que le cuenta que, en 1928, fue delegado por el gobierno argentino en el Congreso Internacional de Aviación en Praga. A su regreso presentó un audaz proyecto para la construcción de un aeropuerto, que había sido aprobada en ese congreso. Pero acá no se lo comprendió. No fue aprobado y ahora algunos de aquellos diputados le dicen que tuvo razón. Expresa que desearía que el semanario publique artículos tendientes a favorecer la idea de que Madariaga tenga su aeródromo. Se proyectaba – dice – un corredor aéreo que uniría Buenos Aires con Mar del Plata y Miramar, pasando por Madariaga. Y sueña el legislador: vendrán enjambres de turistas con ese transporte rápido y económico. Insta a los pobladores a luchar para lograr una pista de aterrizaje lo más céntrica posible, solicitándola a sus autoridades.
SEMANARIO TRIBUNA - 3 de junio de 1944
Nueva carta al director del señor Martínez Guerrero en la que comenta que sabe que por iniciativa del Sr. Alejandro Leloir, el Consejo Deliberante adquirió hace unos años un terreno para aeródromo situado al norte, a 20 cuadras del centro. Ello lo lleva al cálculo que, a los gastos para hangar y talleres, se le deberá sumar el pavimento necesario. Comenta que el Plan Vial – mencionado por el Sr. Rodríguez – sólo hizo accesos asfaltados en el sur del pueblo. Colige entonces que el aeródromo deberá estar sobre esa ruta asfaltada. Sugiere comprar allí una chacra de buenas tierras altas, que se financiaría vendiendo la chacra municipal ya adquirida.
SEMANARIO TRIBUNA . 5 DE AGOSTO DE 1944 –
EL Primer Ministro Británico, Sr. Winston Churchill se refirió en la Cámara de los Comunes a la posición de Argentina como país neutral. “Todos debemos sentir verdadero pesar y ansiedad como amigos que somos de Argentina, por el hecho de que, en estos momentos de prueba, esa nación no se haya considerado dispuesta a declararse sinceramente, sin reservas ni discriminaciones, del lado de la libertad y haya decidido contemporizar con el mal, y no sólo con el mal, sino con la parte perdedora. Las naciones deben ser juzgadas por la parte que desempeñan. No sólo los beligerantes, sino también los neutrales, comprobarán que su papel en el mundo quedará afectado por el papel que han elegido desempeñar en la crisis de la guerra
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N de la A.: Estas palabras del inglés a mí me suenan a amenaza por la neutralidad de Argentina. Unamos los testimonios arriba expuestos:
*De Gorki respecto a la llegada casi a hurtadillas del vidente de Churchill, “a descansar” aprovechando el viaje del campeón inglés de golf que diseñara las canchas de Pinamar.
*De Parini, que cuenta – con un margen de error de un año – el avistaje de submarinos en Mar de Ajó y el apuro por la ruta que despertó, más el gran servicio que prestaron los pilotos locales con sus Pipers.
* De Churchill, teniendo en cuenta a Argentina por su neutralidad mal interpretada, declarando con amenazas que su gobierno contemporizaba con el mal (representado por los nazis que huían de Europa). Esto evidencia una preocupación por nuestras costas tan permeables.
*De Rodríguez, que llama al proyecto “Plan de caminos para la seguridad de la Costa Atlántica”
*De Tribuna, que da la noticia de la reunión de la aviación de la armada argentina en la estancia “La Providencia” para establecer una base de vigilancia del litoral atlántico.
*De Coccari, que vio en el despacho del ing. Bonaserre el plano de madera con todas las salidas al mar que e trazarían, como estrategia militar ante una hipótesis bélica.
*De Valeria Guerrero, quien narra el episodio de la Señora X, tan amiga del gobernador y tan concordante don el de Gorki.
Atemos ahora el paquete con este moño:
TRIBUNA, 26 de agosto de 1944 – sábado
¿ESPIONAJE EN NUESTRO PUEBLO?- (sic) – A estar de ciertos informes de procedencia oficial que habría transmitido por radiotelefonía en noticiosos del día jueves, se ha descubierto una nueva ramificación del espionaje alemán en nuestro país, pero cobra nuevo interés por cuanto se declara que tales actividades antiargentinas se desarrollaron en Gral. Madariaga y en la vecina ciudad de Tandil.
Muchas veces hemos hecho pública nuestra indignación por ciertos elementos de la antipatria, declarados admiradores del nazismo, que en nuestro pueblo han actuado abiertamente por lo que esperamos que la nueva investigación los desenmascare para hacerles sentir todo el peso del repudio que se merecen los traidores que comprometen la seguridad de nuestra patria.
N de la A:
Todos estos elementos integran un hecho que los testigos nos han permitido conocer: El gobierno nacional temía un desembarco y el Plan de Seguridad de 1938 nunca fue cajoneado. ¿Un desembarco de quién? El Sr. Churchill amenazó en su discurso a la Argentina, pero antes de eso había enviado a su ”vidente estresado”. Todos sabemos que los jerarcas nazis se estaban refugiando en nuestro territorio. Quizá la población inadvertidamente creyó que el hipotético invasor sería Hitler…pero… ¿sería? Los nazis ya estaban legando y los ingleses lo sabían… Los preparativos para invadir no eran de parte del gobierno pro nazi, sino la estrategia de defensa. ¿Era esto parte del acuerdo del gobierno argentino con Hitler para defender un botín del que nunca se supo su paradero? ¿Fue por el contrario una exigencia de los aliados victoriosos para que esa Argentina seudo neutral pudiese ser perdonada? No olvidemos que el granero del mundo tenía asignado un papel muy importante en la posguerra…
Un profundo enigma que no hemos podido develar. Aún.
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